
Source:http://www.hablemosclaro.com/en-esta-edicion-1.html Author: Lic. Miguel Cálix Suazo, Hablemos Claro Original Blog / Document‘s Date [DD.MM.YYYY]:21.09.2007 Contributor:honadmin
El 15 de septiembre se conmemoró el 186 Aniversario de la Declaración de la Independencia de Centroamérica, ocasión propicia para reflexionar qué hemos hecho para sostenerla; si ejercemos o no soberanamente nuestra libertad, autonomía política y económica para hacernos respetar en el concierto de las demás naciones y si ello nos permite mejorar permanentemente todas las condiciones de la sociedad en un mundo tan interdependiente como hoy existe. Entender, pues, qué es lo que significa no ser ya esclavo de nadie y disfrutar a plenitud los frutos de nuestro propio esfuerzo.
Para todo ello debemos comenzar por meditar si el desorden de Centroamérica a que se refería Morazán 21 años después de haber roto las cadenas de la esclavitud, tenía su origen, en parte, en la misma Declaración de Independencia de aquel sábado 15 de septiembre que no logró aglutinarnos y que, desde el principio, propició que actuáramos inseguros y vacilantes para administrar nuestro destino por sí solos, pues a los tres meses y veinte días nos anexamos a México, bajo el imperio de Agustín de Iturbide. Debiéramos reflexionar también, si tal anarquía era debida a la falta de formación ideológica unitaria del pueblo, por el crudo analfabetismo y la carencia de oportunidades en que nos mantuvo España, o por la falta de verdaderos estadistas, que más bien antepusieron los intereses de los mismos Estados por sobre los de la nación entera. En nuestras reflexiones debemos hacer resaltar que a diferencia de los países de Suramérica que proclamaron sus independencias de España mediante guerras independentistas con la participación del pueblo, la emancipación de Centroamérica fue por la correlación de tres fuerzas –revolucionarios, liberales y conservadores- y por la incapacidad de España para emplear sus fuerzas, se produjo pacíficamente y en forma mediatizada y tal vez tardía, pues los movimientos revolucionarios de 1811-1814 no alcanzaron resultados positivos.
Esto se pone de manifiesto si tomamos en cuenta que los participantes en la reunión no eran otros que los mismos funcionarios del régimen agonizante a la cabeza de ellos el máximo representante de España, el jefe político y capitán general Gabino Gaínza, así como los miembros de la diputación provincial y del ayuntamiento, el arzobispo, el dean y cabildo eclesiástico, los prelados regulares, el claustro, el consulado, los miembros de la audiencia territorial, el colegio de abogados y los jefes y funcionarios públicos.
La reunión de ese 15 de septiembre de 1821 se llevaba a cabo para estudiar el contenido de los oficios que por el último correo se había recibido de parte de los ayuntamientos constitucionales de la ciudad real de Chiapas, Comitán y Tuxtla en que comunicaban haber proclamado y jurado la independencia de Nueva España, que ahora se llama México. Pero debido a que se oía “el clamor de viva la independencia que repetía lleno de entusiasmo el pueblo que se veía reunido en las calles, plazas, patios, corredores y antesala de este palacio”, lo que ocurrió entonces fue la independencia de la ciudad de Guatemala, por acuerdo de su diputación provincial y su ayuntamiento, y la excitativa, para hacer lo mismo, a los demás ayuntamientos que hasta ese momento constituían el Reino de Guatemala.
De la Declaración de Independencia se levantó un Acta, que redactó el hondureño José Cecilio del Valle, que se desempeñaba como auditor de guerra, razón por la cual su firma no aparece en el ducumento.
Ese escrito contiene un preámbulo y dieciocho cláusulas, y de estas todas son importantes, pero sin duda alguna la primera lo es más. En el exordio se destaca que la Emancipación de Guatemala fue proclamada por que eran públicos e indudables los deseos de independencia del gobierno español, que por escrito y de palabra había manifestado el pueblo de la capital. El Acta firmada no fue categórica en los puntos fundamentales, es decir, los relacionados con la independencia y la forma futura de gobierno. Antes bien, el asunto más notorio que se evidencia es la inseguridad y componenda con que se actúa, pues se pidió a Gaínza que publicara la independencia “para prevenir las consecuencias, que serían temibles en el caso de que la proclamase de hecho el mismo pueblo”. Tal independencia se hizo “sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse”, lo que anuló completamente lo acordado en la parte primera de dicho punto. La inseguridad con que se declaró la independencia, es evidente al señalarse que “no haciéndose novedad entre las autoridades establecidas, sigan estas ejerciendo sus atribuciones respectivas, con arreglo a la Constitución, decretos y leyes, hasta que el Congreso indicado determine lo que sea más justo y benéfico”; que el brigadier Gabino Gaínza continúe con el gobierno superior político y militar; y para que este tuviera el carácter que parecía propio de las circunstancias, se formara una junta provisional consultiva, la cual debería consultar “al señor jefe político todos los asuntos económicos y gubernativos dignos de su atención”.
No matemos a Morazán el 14
Este día 14 de septiembre a partir de las 4 de la tarde, en la Plaza Cívica General Francisco Morazán de Tegucigalpa, el Presidente de la República, acompañado de los presidentes de los otros dos poderes del Estado, el cuerpo diplomático, el gabinete de gobierno, el alcalde de la ciudad, el COMITÉ CÍVICO INTERINSTITUCIONAL PERMANENTE, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, se reunieron para escuchar una alocución de las Fuerzas Armadas, para conmemorar la muerte de Morazán, como se ha venido haciendo erróneamente –falsificando la historia- a lo largo de muchas décadas, desde que existe el Comité Cívico antes mencionado. En ese acto se hizo una invocación a Dios, un minuto de silencio, se colocaron ofrendas florales por todas las autoridades e instituciones referidas, se entonó el Himno Nacional, el Himno a Morazán y también el Himno a Centroamérica, La Granadera; y luego se fueron solemnemente como entraron.
Esta apresurada conmemoración ocurre porque no queremos manchar con muestras de luto la “alegría” del festejo de la independencia, porque desafortunadamente no hemos sido capaces de comprender que ese 15 de septiembre de 1842 solamente murió el cuerpo de Morazán y nunca su ideal, nunca su espíritu, que hoy sigue recorriendo los polvorientos caminos de su patria, Centroamérica, en busca del caudillo que dirija la VERDADERA independencia que anhelamos un conjunto de instituciones cívicas, culturales y sociales, a la cabeza de ellas el Consejo Nacional Anticorrupción, el Instituto Morazánico, la Academia Hondureña de Geografía e Historia y el Instituto de Investigación y Acción Cívica. Ojalá que esta sea la última vez que le enseñemos a la niñez y juventud hondureña y centroamericana y a los extranjeros que nos visitan, que nos importa más el espectáculo de desfiles vistosos, concursos de bandas y las acrobacias de lindas palillonas y pomponeras, con que conmemoramos el INICIO de la Independencia de Centroamérica –porque esta no ha concluido, aún hoy, 186 años después- y que estamos apresurados de ver muerto para siempre a FRANCISCO MORAZÁN QUESADA, el hombre que precisamente se dedicó a defender la integridad de esa independencia, como él mismo nos lo recuerda en la PRIMERA LÍNEA de su testamento, cuando dice: “San José, setiembre 15 de 1842, DÍA DEL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA CUYA INTEGRIDAD QUE HE PROCURADO MANTENER”.
Morazán vive y vivirá para siempre, “para vivir hay que morir”, como dice un alegre cántico de todos conocido.
( El Lic. Miguel Calix Suazo es Presidente del Instituo Morazánico, Secretario General de la Fundación Morazánica y Vicepresidente de la Academia Hondureña de Geografía e Historia). Email: mcalixs@yahoo.com Foto-Source-URL:http://www.hablemosclaro.com/en-esta-edicion-1.html
|
 |