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Discurso en Acto Inaugural Conmemorativo del Poeta Juan Ramón Molina en la Biblioteca de la UNAH


Source:N/A
Author: Marcial Cerrato Sandoval
Original Blog / Document‘s Date [DD.MM.YYYY]:01.07.2008
Contributor:honadmin

Dr. Jorge Abraham Arita León, Rector de nuestra maxima Casa de Estudios.
Dra. Rutilia Calderón, Vice Rectora Académica y Coordinadora General de estos eventos.
Lic. Oscar Armando Valladares, Director Depto. de Cultura, UNAH.
Autoridades Administrativas y Docentes
Jovenes Universitarios
Amigos de la Prensa
Invitados Especiales
Señoras y Señores.                                                                                                
Como Coordinador General del Comité Pro Monumentos a Juan Ramón Molina, me permitiré, en primer término, expresar y consignar en este mensaje nuestro aplauso y felicitación a las autoridades de nuestra Alma Mater, por haber declarado el presente, “Año Académico Juan Ramón Molina”, conmemorando así el primer centenario de su muerte. Conlleva también este mensaje nuestro agradecimiento al contribuir en forma directa y positiva al mantenimiento de la memoria y difusión de la obra de este Adalid de la Identidad Nacional y Símbolo de la intelectualidad Centroamericana.
 
Hablar o escribir sobre Molina es una tarea compleja, fácil y difícil a la vez. Casi todos los escritores nacionales contemporáneos y posteriores a él lo hicieron objeto de su estudio y hoy tenemos abundantes y diversas biografías, citas y comentarios. Pero si nos alejamos del aspecto histórico y entramos en apreciaciones sobre su multifacética personalidad, la tarea se vuelve compleja.
 
Pese a lo anterior y bajo el alero acogedor y simbólico de esta biblioteca, deseo compartir con Ud.s no solamente una aproximación cronológica-histórica de su vida, sino un atisbo a su visión del mundo, su filosofía de vida, en otras palabras, su elan vital.
 
“Nací en el fondo azul de las montañas hondureñas, /detesto las ciudades y mas me gusta un grupo de cabañas/ perdido en las remotas soledades” Así describe Juan Ramón Molina el lugar donde inició su corta vida terrenal y que en el mapa aparece como la ciudad de Comayagüela, gemela y separada de Tegucigalpa por un río  -como Buda y Pest-, y formando ambas, como Distrito Central, la Capital de Honduras.
 
Su nacimiento fue el 17 de abril de 1875, en la 2ª. Ave. O Calle Real, entre la 4ª. Y 5ª. Calles, y conocida como Calle de los Poetas, porque muy cerca nacieron otros escritores de talla continental.
Sus padres fueron personas pobres; un comerciante en ganado de nombre Federico Molina y Doña Juana Núñez, campesina originaria de Aguanqueterique, Departamento de La Paz.
Sus primeros años transcurren sin preocupaciones y en actividades propias de un chico inteligente, vigoroso y lleno de grandes inquietudes que traduce en travesuras y juegos de valor y destreza; en montar a caballo -incluso mirando hacia la grupa-, pescar en los ríos cercanos y hacer sus primeros versos criticando a sus maestros.
 
Debido a su carácter y espíritu independiente sus padres deciden matricularlo en la escuela de un señor White (blanco) que Molina convierte en sus escritos en el terrible Mr. Black (negro) un personaje que describe como salido de una novela de Dickens, y digno representante del dogmatismo y escolástica imperantes en la época. Después de grandes vicisitudes logra - sin pena ni gloria- terminar la primaria.
 
En 1892 viaja a Guatemala y después a Quetzaltenango. En dicha ciudad ingresa en el Instituto Normal para Varones de Occidente.
Todos sus biógrafos coinciden en afirmar que Quetzaltenango fue la patria intelectual de Molina. Durante estos años recibió el apoyo de directores y profesores, como Flavio Guillén y José Antonio Aparicio, sirviendo clases y viviendo en su compañía. Inicia  también su carrera como periodista, escribiendo no solo en periódicos estudiantiles, sino  colaborando y dirigiendo diarios como El Bien Público
 
Coronados sus estudios de bachiller en 1894, viaja a la Capital de Guatemala y en 1896 se consagra ante la opinión pública y literaria de dicha ciudad, al pronunciar un discurso conmemorativo de la muerte de Justo Rufino Barrios y donde publica varios de sus poemas escritos en Quetzaltenango, como El Aguila y la Calavera del Loco.
 
Regresa a Honduras a finales de 1897 y el Presidente Policarpo Bonilla lo nombra Subsecretario de Fomento y Obras Públicas, Pero unos meses después renuncia a dicho cargo porque habiendo fundado el semanario El Cronista considera que su posición burocrática limita su libertad como periodista. Posteriormente trabaja como Director del Diario de Honduras.
 
En 1898 participa activamente en la campaña a favor de la candidatura de Terencio Sierra de quien se consideraba amigo personal; este gana la elección, pero en el acto inaugural Molina expresa algunos consejos -para la conducción del futuro gobierno- que disgustan a Sierra, quien ordena su expulsión del salón donde se celebra el evento y después de una serie de enfrentamientos culmina con su captura y encarcelamiento. Debido a ello decide tomar el camino del exilio a San Salvador y Guatemala.
Posteriormente se incorpora a la revolución encabezada por Manuel Bonilla en 1903, que lleva a este a la presidencia de la República. Con su apoyo funda el periódico semioficial El Día y además es ascendido a Teniente Coronel y  nombrado subdirector de la Escuela Militar.
Durante todos estos años fue amado dentro del tálamo nupcial y fuera de él por muchas mujeres y dejó hijos - tanto legítimos, como naturales. Sostuvo duelos en que afortunadamente el -como sus contrincantes- sobrevivieron.
Sufre en 1905 la pérdida de su primera esposa Doña Dolores Hinestroza, a quien dedica su elegía inmortal “A una Muerta”.
 
1906 marca un hito en la vida de Molina, ya que el Presidente Bonilla nombra a Froylán Turcios y por influencia de este, a Juan Ramón Molina, secretarios de la Delegación Hondureña al III Congreso Panamericano de Río de Janeiro. En este magno cónclave convive con los grandes literatos de la época y renueva su amistad con Rubén Darío, que lo presenta como el mejor poeta de Centroamérica .
Posteriormente viaja a Europa y convive con José Santos Chocano y Rubén Darío quedando ambos poetas impresionados con el talento de Molina.
En este período y bajo el influjo e inspiración producido por ese viaje, Molina escribe varios de sus cuentos, sonetos y poemas más renombrados como “La niña de la Patata, Bahía de Río de Janeiro, Pernanbuco y Salutación a los Poetas Brasileiros.
 
Al caer su protector, el Presidente Manuel Bonilla, vuelve al exilio político en San Salvador, donde trabaja en un diario de Julián López Pineda y en el Diario de El Salvador, pero su gran sensibilidad de poeta entra en choque con el estrecho mundo social y cultural de su tiempo; su capacidad intelectual y visión política lo confrontan con la estrecha situación del medio.
 
Se encuentra en una precaria situación económica agravada por sus nuevos compromisos -se había casado por poder con la joven hondureña, Otilia Matamoros-  su consumo del alcohol y otras drogas, agravan su gran depresión -el famoso spleen de su tiempo- y su corazón se detiene en un bar del pequeño pueblo de Aculhuaca o San Sebastián, actualmente un municipio de San Salvador, llamado Ciudad Delgado, el domingo 1 de Noviembre de 1908.
 
Aquí me permitiré la visión de su propia  muerte tomado del poema “ Después que muera”: “Tal vez moriré joven... los amigos me vestirán de negro, y entre dolientes y llorosos cirios de pálidos reflejos, colocarán con cuidadosas manos mi ya rígido cuerpo...”
 
Gran parte de su obra fue recogida y publicada en 1911 por su amigo entrañable Froylán Turcios, en un libro titulado: “Tierras, Mares y Cielos”, nombre que de antemano había sido escogido por Molina.
 
Aunque  profético en la visión de su muerte, la patria y sus amigos no lo dejaron permanecer en una fosa olvidada ya que en 1918, en medio de una gran demostración de duelo y respeto, sus restos mortales fueron trasladados a Tegucigalpa y reposan en el cementerio general.
 
¿Pero quien fue Juan Ramón Molina?
 
Poeta, escritor y periodista, de gran sentimiento, profundidad filosófica y pasión humanista. Pensador de altura. Fue un conocedor de la literatura de su tiempo y los misterios de la filosofía. Citémoslo: “He abrevado mis ansias de sapiencia/en toda fuente venenosa o pura,/en los amargos pozos de la ciencia/y en el raudal de la literatura”. Patriota indiscutible dejó plasmado sus ideas y sentimientos hacia Honduras en diversos escritos pero leamos:" Hoy amo a Honduras mucho más que antes, de tal modo que hasta sus defectos me parecen cualidades después de ver en otro países tantas cosas tristes, a la vez que tanta civilización y progreso…”.  Fue a la vez promotor del Panamericanismo y la Unión de Centroamérica: “Tal digo, hermanos míos de la prosapia ibérica./Saludemos la gloria futura de la América,/que todas las espigas se junten en un haz…”
En muchas cosas se adelanto a su tiempo, era un ambientalista o ecologista nato: Le cantó al mar, los esteros, El sol, los pinos, las islas, la selva, los ríos, “Sacude amado río tu clara cabellera./eternamente arrulla mi nativa rivera/, ve a confundir tu risa con el rumor del mar/eres mi amigo…” , nada de la naturaleza era demasiado pequeña o grande para él: la araña, el Polo Norte, los leones, el grillo, los bueyes…
Eterno enamorado de lo bello, decanto la belleza femenina con sensualidad descollante.
Exploró esos oscuros y recónditos secretos de lo esotérico que en alguna forma llenaban sus ansias de conocimiento.
Era orgulloso por su valía pero a veces tan humilde que se confundía en tertulias, deportes y diversiones, con los más ignaros de su barrio.
Fue un defensor del pobre y olvidado y valiente hasta la osadía en su lucha contra la opresión y en defensa de las libertades públicas.
Pero sobre todo fue un humanista como lo revela en varias de sus producciones en verso y prosa. El siguiente es un fragmento de  “El niño ciego”: “ Y aquella mañana, viéndolo completamente ciego, le echaron a la calle a implorar la caridad pública. Vago muchas horas, mostrando al sol sus andrajos, sin pedirle nada a nadie. El hambre y la sed lo mataban”.
 
Nosotros vemos en Juan Ramón Molina a un gran Poeta y por lo tanto un Visionario. Un hijo especial y singular de esta patria hondureña y centroamericana. También creemos que su Visión no puede morir. Que nos corresponde a nosotros –los formados con este mismo barro-   transmitir este legado que es universal. Debemos traducirlo a muchas lenguas, compartirlo, pasarlo de generación en generación a través de la enseñanza. Convertir las bibliotecas de Honduras y Centroamérica en ventanas permanentes de lectura, estudio y consulta sobre el Poeta.
Aquí y hoy se gesta  este nuevo encuentro de Molina con el mundo y las nuevas generaciones. Es un renacer, un relanzamiento que lo llevara a donde le corresponde, entre los grandes del parnaso universal.
Estamos seguros que todos los presentes nos darán su apoyo. Muchos han contribuido ya con esta labor, esperamos que de aquí en adelante nos digan presente en las tareas que nos depare el porvenir.
 
Muchas, muchas gracias por su gentil atención.
 

Foto-Source-URL:Portada del Libro Juan Ramón Molina, Su Obra y su Vida
 
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