Source:http://www.hcfinanciera.com/derechadown.htm Author: Hablemos Claro Financiera Original Date of Article [DD.MM.YYYY]:20.06.2005 Contributor:honadmin
La pequeña empresa emplea el 25 por ciento de la población económicamente activa de la nación, es decir, 1.5 millones de personas. De esa forma, supera a las fábricas ensambladoras, conocidas como maquilas, que tienen más de 120 mil trabajadores.
Anticiparse a los cambios y el compromiso con el consumidor ha permitido que pequeñas empresas sampedranas de varios rubros sorteen, con paso firme, una recesión que no es nueva. La búsqueda de nuevos mercados y la diversificación han sido las soluciones al alcance de la mano para minimizar las dificultades. “Al mal tiempo buena cara”, dice el presidente del Gremio de Micro y Pequeños Empresarios de Honduras, Victorino Carranza.
El acuerdo de libre Comercio entre Estados Unidos y América Central tiene “eufórico” a Carranza y a otros de sus colegas que dispusieron sacar la “artillería” para afianzar su presencia en el norte. Ellos, decidieron sacar “fuerzas” de su debilidad y se muestran más que dispuestos, para replantearse estrategias y, dar la batalla, para no “morir en el intento”.
Por el momento, su camino está lleno de obstáculos y las cifras así lo reflejan. Cada día, ocho microempresas locales, desde donde se generan 760 mil empleos en Honduras -el 34 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA)-, cierran sus puertas para siempre, ante la falta de recursos frescos y el alto costo de los servicios básicos que le restan competitividad, con relación al resto de Centroamérica.
El Foro Social de la Deuda Externa de Honduras (FOSDEH), a nivel regional, plantea que “debemos ser muy ágiles y, sobre todo, dinámicos para tecnificar a nuestra micro empresa…eso es determinante para el país”, destaca en un documento al cual tuvo acceso HABLEMOS CLARO FINANCIERA (HCF).
Las oportunidades existen. Es cuestión de saberlas aprovechar, afirma FOSDEH. Las estrategias para lograr el éxito no son nada del otro mundo. “Hay diferentes estrategias para llevar a las pequeñas empresas a un nivel óptimo. Para el caso, se dispone de un programa de la Fundación de Inversión y Desarrollo de las Exportaciones (FIDE) que cuenta con casi 40 millones de dólares para impulsar la Ley de Competitividad aprobada en el Congreso Nacional”, agregó Nelson García, director regional del Foro.
A criterio suyo, en ese espacio, la microempresa puede desarrollar sus capacidades gerenciales. Además, a la par del interés del gobierno sería favorable flexibilizar y, por qué no, hasta subsidiar los intereses. “Es muy difícil que, en este momento, un micro empresario pueda sacar ganancia o mejorar su negocio, con un 34 por ciento de interés…es casi imposible pensar que va a poder pagar un 34 por ciento de interés por créditos”, subrayó.
¿Qué puede hacerse? “Desarrollar capacidades gerenciales en la microempresa ligadas a la fusión o a la absorción, los resultados serían positivos. “En términos más prácticos, puede ser idóneo juntar dos o más pequeñas empresas para enfrentar de una mejor manera al mercado que ya es muy agresivo en calidad y en capacidad de dar un buen servicio al cliente”, enfatizó, mientras reconoció que, en esa materia, los hondureños estamos a la zaga con respecto a otros países de Centroamérica.
Más regionales
Otro punto en consideración -según el analista- es volver nuestros ojos hacia el entorno centroamericano. “Aquí tenemos 36 millones de bocas que podrían estar esperando productos y servicios de Honduras y solamente estamos apuntando hacia los Estados Unidos o Europa, no hemos visto el mercado que tenemos tan cerca”, reflexionó, al comentar que las principales importaciones nacionales, a nivel del istmo, son de papel sanitario. “Eso es en lo que nosotros más gastamos aquí”, reiteró.
El tercer punto vital en esta carrera integracionista es el apoyo a los productores en el campo. “El gobierno deberá volcar su atención hacia este sector tan prioritario de la economía, en el sentido de poder tener cultivos rentables y buscarles niveles de exportación”.
En América Central, a nivel urbano, existen más de dos millones quinientas mil personas que trabajan como auto empleados o en alguna microempresa (ME). De este conjunto, 69 por ciento forman parte de la primera categoría, y 31 por ciento son patronos y asalariados de pequeña empresa.
En términos de unidades económicas, esto significa que existen alrededor de Un millón 979 mil 556 de esas unidades, de las cuales 228 mil 892 son microempresas y Un millón 750 mil 664 son autoempleos.
¿Qué significan estas cifras? Esencialmente, tres hechos: En el istmo, cuando se habla de ME, en realidad nos referimos al autoempleo y a un grupo de unidades económicas con una muy inadecuada inserción en el mercado, principalmente de los que tienen muy escasas posibilidades de competir en un mercado globalizado.
También se trata de un conjunto de unidades económicas tan pobres, cuya racionalidad económica predominante probablemente sea la del consumo familiar. “Estamos frente a un tipo de empresa cualitativa y cuantitativamente distinto, que en consecuencia, merece un trato diferenciado en términos de los servicios que requiere”, dijo Victorino Carranza.
Los números refuerzan la percepción de Carranza. El comercio entre Estados Unidos y América Central ha crecido casi 50 por ciento desde 1996. Las exportaciones desde ese país del Norte hacia esta región fueron de casi 10 mil millones de dólares en 2002 y el comercio en ambas direcciones totalizó casi 20 mil millones de dólares en similar período.
Más agresivos
Por lo menos 15 mil de las 500 mil pequeñas empresas han cerrado operaciones en los últimos años en el país por la falta de apoyo gubernamental y los efectos de la globalización de los mercados internacionales. Cada pequeña empresa opera con tres y hasta 10 empleados y su quiebra ha afectado al 12 por ciento de la actividad productiva del país.
"Los altos costos de producción y la falta de capital nos están liquidando", dijo Carranza, pero no hay que cruzarse de brazos. Algunas pequeñas empresas han desaparecido y otras grandes se convirtieron en microempresas, o sus propietarios emigraron a Estados Unidos, por la mala situación económica.
La pequeña empresa emplea el 25 por ciento de la población económicamente activa de la nación, es decir, 1.5 millones de personas. De esa forma, supera a las fábricas ensambladoras, conocidas como maquilas, que tienen más de 120 mil trabajadores.
El 85 por ciento de los pequeños empresarios sigue enfrentando una economía de subsistencia por falta de financiamiento. La mayoría de ellos se dedica a confeccionar alimentos, ropa y zapatos, agregó Carranza.
El impacto
La gran debilidad de los países centroamericanos es que no tienen capacidad competitiva para llegar al mercado norteamericano. Honduras, en un índice de competitividad entre 75 países, hasta 2002 se mantuvo en el 74, Nicaragua en el 71, Costa Rica en el 50, El Salvador 64 y Guatemala 69, de acuerdo a The Global. Competitiveness Report.
La debilidad competitiva de cada uno de los países centroamericanos es clara; Sin embargo las élites políticas, como la hondureña, se empecinan en argumentar que, de lo único que se trata, es que las empresas se preparen para competir, mejorando sustancialmente los sistemas gerenciales, tecnológicos e infraestructura.
De igual manera, llaman a los gobiernos a prepararse para atraer la inversión extranjera, diseñando programas de promoción de las exportaciones, reconversión productiva, mejorando el clima de negocios y concienciando a los empresarios sobre la necesidad de desarrollarse para enfrentarse a una competencia mayor.
Concretar este nuevo tipo de estrategia requiere tiempo, puntualiza Carranza…comprobar si habrá éxito o fracaso para las microempresas hondureñas, no será posible, al menos por ahora. Foto-Source-URL:N/A
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